13 Agosto, 2017

Seguridad laboral en la construcción

La construcción en Chile sigue siendo una de las actividades económicas que más aporta a la accidentabilidad, marco dentro del cual la implementación de acciones destinadas a fortalecer la seguridad de los trabajadores es una tarea fundamental en la que deben aportar los distintos actores que participan en este sector.

Nicolás Moreno Penrroz, Director de la Escuela de Ingeniería en Prevención de Riesgos de la Universidad del Pacífico, comenta que la industria de la construcción es particular, ya que dentro de sus características están el bajo nivel de capacitación de sus trabajadores, la alta rotación y poca especialización que poseen, el uso intensivo de mano de obra, una gran cantidad de actividades de diversas complejidades y el uso importante de subcontratos en todas sus etapas.

En este contexto, explica que aún existen índices importantes de incidentes, estando la tasa de accidentabilidad en alrededor del 5%, lo cual, en todo caso, es una mejora sustancial, considerando que hace 10 años era casi el doble.

Complementando lo anterior, Luis Salamanca, Director de la Carrera de Ingeniería en Prevención de Riesgos del Instituto Profesional Santo Tomás, indica que en nuestro país la construcción se ha situado durante los últimos cinco años entre el tercer y quinto lugar de los rubros más peligrosos del país. “Actualmente, se manejan índices que fluctúan entre el 5,4% y el 5,8% por cada 100 trabajadores, lo que ha significado una clara disminución, pero sigue siendo importante para el conjunto de industrias a nivel país”, señala.

Situación local

El Director de la Escuela de Ingeniería en Prevención de Riesgos de la Universidad del Pacífico sostiene que “la mayoría de las grandes empresas está considerando la Prevención de Riesgos como un tema clave para mejorar los procesos y asegurar la productividad de las obras, adicionalmente a la responsabilidad que conlleva un accidente o enfermedad profesional de sus trabajadores. Sin embargo, lamentablemente es un tema casi exclusivo de las grandes empresas y falta mucho por hacer en las Pymes, las cuales son la gran mayoría del rubro”.

Agrega que lo anterior ha derivado en que las grandes empresas tengan también ventajas en términos de seguridad laboral, ya que poseen estructuras mayores y, por ende, departamentos de prevención de riesgos establecidos. Además muchas se certifican en Calidad y Medio Ambiente (conceptos valorados y exigidos por la industria) y poseen estructuras similares a las normativas de prevención, incorporándolas en su génesis. “Además pueden acceder a mejores beneficios de tipo capacitación, ya que aportan mucho más al sistema en términos de cotización y logran muchas veces bajar los índices de rotación fidelizando a sus trabajadores, por lo que la curva de entrenamiento o especialización es mayor”, afirma.

Por su parte, el Director de la Carrera de Ingeniería en Prevención de Riesgos del Instituto Profesional Santo Tomás, acota que “la construcción como industria abarca desde las excavaciones para los cimientos de los edificios y casas, hasta las demoliciones que también pertenecen al área, emplea a una gran fuerza laboral con una muy amplia gama de preparación laboral, lo que justamente hace muy variadas las estrategias tendientes a controlar la accidentabilidad”.

Añade que el mejor ejemplo de sistemas de gestión llevados a la seguridad se ve en la minería, una de las áreas más seguras gracias a la fuerte presencia de capitales extranjeros que traen sus sistemas de producción basados en la prevención de accidentes y de control de las pérdidas que estos eventos traen como consecuencia obligada. “Ellos tienen claro la tasa de frecuencia y gravedad de los accidentes, es decir, si bien la frecuencia de los accidentes de su área es más bien baja, las consecuencias de esos accidentes son mucho más graves para los trabajadores”, plantea.

En tanto, comenta, en la construcción, no son tan exigibles estos estándares de calidad y seguridad ya que los tiempos y la dinámica del trabajo son más vertiginosos y con menos inversión de tiempo en seguridad, lo que impacta directamente a los pequeños y medianos contratistas, que por las características de su trabajo, se cree que están exentos de estas obligaciones que poco a poco se van haciendo más comunes en la industria y que van marcando la diferencia, y aunque la implementación no es muy costosa requiere un cambio que en algunas pymes son reacios a implementar, existiendo una fuerte reticencia al cambio, ya que no se percibe de manera inmediata una ganancia económica instantánea.

¿Cómo controlar la seguridad laboral?

Luis Salamanca señala que “existen medidas administrativas que son las más fáciles de implementar en cada empresa del sector, pero las dificultades se presentan cuando, en la construcción, por ser un proceso muy dinámico, se requiere de inversión en sistemas de gestión de control de incidentes y por ende de accidentes”. En este sentido, el docente explica que “estos sistemas de gestión, que son a mediano y largo plazo, requieren de mucho tiempo de implementación, ya sea con los colaboradores de todos los niveles en la ejecución del proyecto como con una participación activa de las diferentes gerencias, lo que a corto andar comprueba el compromiso de cumplimiento con las metas que las mismas empresas se comprometen a cumplir, pero que se ven obligadas a modificar por las contingencias”.

Aportando en este tema, Nicolás Moreno Penrroz sostiene que “las mutualidades poseen programas de apoyo, pero lamentablemente las necesidades son muchas y no se logra captar a todos los entes de la industria. Por otro lado, las mutualidades trabajan muchas veces de manera individual y no existen registros centralizados de las intervenciones realizadas a trabajadores y empresas que pueden cambiar o alternar entre ellas”.

Avanzar en el tema

Luis Salamanca indica que las medidas de gestión o de implementación de un sistema integrado de calidad, seguridad y ambiente pueden ser una muy buena herramienta para ordenar y optimizar los recursos disponibles, sin embargo se requiere compromiso y cumplimiento en los objetivos que la misma empresa se propone, en vista de la competitividad. “Este factor cobra mucha importancia a la hora de abrir nuevos mercados o lograr la adjudicación de nuevos contratos, ya que los mandantes o clientes comienzan a exigir estos sistemas de gestión integrados a las empresas con que se relacionan, ya que tienden a garantizar el cumplimiento de los objetivos de manera segura y controlando las desviaciones en la entrega del proyecto”, precisa el Director de la Carrera de Ingeniería en Prevención de Riesgos del Instituto Profesional Santo Tomás.

En tanto, Nicolás Moreno Penrroz señala que “son importantes las certificaciones que puedan realizarse dentro de las empresas y potenciar con incentivos económicos más allá del aporte que deben hacer a las mutualidades; por otro lado hay que incentivar la capacitación e inducción en seguridad y en áreas propias de la disciplina, que permitan trabajar con mejores desempeños en lo laboral y en seguridad”.

El profesional agrega que el trabajo en conjunto con las mutualidades es primordial, ya que pueden ayudar a mejorar los estándares y permiten identificar y evaluar las condiciones de los trabajadores y realizar acciones en pos de instaurar políticas de prevención y autocuidado de los trabajadores, punto importante para el éxito de estas intervenciones.

Complementando lo anterior, Luis Salamanca señala que las mutualidades de empleadores ya han dado un gran paso hacia ese sentido ya que poseen programas de gestión que las empresas se pueden adherir, con buenos resultados, pero falta más iniciativa hacia los más pequeños empresarios. Su masa de trabajadores es mínima y no hay conciencia de que la prevención de riesgos es parte del trabajo y un área tan importante como cualquier otro departamento de la empresa. Aún existe informalidad en el cumplimiento de contratos y sobre todo en el tratamiento de la accidentabilidad por trabajos momentáneos.

Normas y fiscalización

El INN, (Instituto Nacional de Normalización) emite periódicamente un conjunto de normativas clasificadas en todos los procesos de la construcción en que se recogen las buenas prácticas y cómo deben desarrollarse todos los procesos de la construcción, desde las excavaciones, entibaciones, andamios, montaje, soldadura, terminaciones y un largo etcétera. Es la mejor forma de tomar una referencia clara y autorizada para la conformación de procedimientos de trabajo.

En materia de fiscalización del sector en temas de seguridad laboral, Luis Salamanca señala que la fiscalización se traduce como miedo a la sanción, a la falta, lo que es un poderoso motivador de la seguridad, Agrega, sin embargo, que “lo óptimo del sistema es que las personas tomen conciencia y piensen qué es lo que perderían en el caso de no respetar una norma de seguridad. Recordemos que la prevención es conocimiento, el saber a qué se expone y cuáles son las reales consecuencias cuando se toma una mala decisión, y eso es fundamentalmente autocuidado, un cambio de mentalidad que no necesita de fiscalización alguna”.

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